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La generación perversa demanda señal
11:29 Y apiñándose las multitudes,
comenzó a decir: Esta generación es mala; demanda señal,
pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás.
11:30
Porque así como Jonás fue señal a los ninivitas,
también lo será el Hijo del Hombre a esta generación.
11:31
La reina del Sur se levantará en el juicio con los
hombres de esta generación, y los condenará; porque ella vino de los fines de
la tierra para oír la sabiduría de Salomón,y he aquí más que Salomón en
este lugar.
11:32
Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio
con esta generación, y la condenarán; porque a la predicación de Jonás se
arrepintieron, y he aquí más que Jonás en este lugar.
La lámpara del cuerpo
11:33 Nadie
pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para
que los que entran vean la luz.
11:34
La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es
bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno,
también tu cuerpo está en tinieblas.
11:35
Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea
tinieblas.
11:36
Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no
teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara
te alumbra con su resplandor.
Jesús acusa a fariseos y a intérpretes de la ley
11:37 Luego que hubo hablado, le rogó
un fariseo que comiese con él; y entrando Jesús en la casa, se sentó a la
mesa.
11:38 El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese lavado antes
de comer.
11:39 Pero el Señor le dijo: Ahora bien, vosotros los
fariseos limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis
llenos de rapacidad y de maldad.
11:40
Necios, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo también
lo de adentro?
11:41
Pero dad limosna de lo que tenéis, y entonces todo
os será limpio.
11:42
Mas ¡ay de vosotros, fariseos! que diezmáis la
menta, y la ruda, y toda hortaliza, y pasáis por alto la justicia y el amor de
Dios. Esto os era necesario hacer, sin dejar aquello.
11:43 ¡Ay de vosotros, fariseos! que amáis las primeras
sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
11:44 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!
que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no lo
saben.
11:45 Respondiendo uno de los intérpretes de la ley, le dijo: Maestro, cuando
dices esto, también nos afrentas a nosotros.
11:46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros también, intérpretes
de la ley! porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero
vosotros ni aun con un dedo las tocáis.
11:47 ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de
los profetas a quienes mataron vuestros padres!
11:48
De modo que sois testigos y consentidores de los
hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, y vosotros
edificáis sus sepulcros.
11:49
Por eso la sabiduría de Dios también dijo: Les
enviaré profetas y apóstoles; y de ellos, a unos matarán y a otros perseguirán,
11:50
para que se demande de esta generación la sangre de
todos los profetas que se ha derramado desde la fundación del mundo,
11:51
desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías,
que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta
generación.
11:52 ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis
quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que
entraban se lo impedisteis.
11:53 Diciéndoles él estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a
estrecharle en gran manera, y a provocarle a que hablase de muchas cosas;
11:54 acechándole, y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle.
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Capítulo 13
Plegaria pidiendo ayuda en la aflicción
Al músico principal. Salmo de David.
13:1 ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?
¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?
13:2 ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma,
Con tristezas en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?
13:3 Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío;
Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte;
13:4 Para que no diga mi enemigo: Lo vencí.
Mis enemigos se alegrarían, si yo resbalara.
13:5 Mas yo en tu misericordia he confiado;
Mi corazón se alegrará en tu salvación.
13:6 Cantaré a Jehová,
Porque me ha hecho bien.
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Capítulo 20
Abraham y Abimelec
20:1 De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.
20:2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.
20:3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.
20:4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?
20:5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.
20:6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.
20:7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.
20:8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.
20:9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo.
20:10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?
20:11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.
20:12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer.
20:13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.
20:14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.
20:15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca.
20:16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada.
20:17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.
20:18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de
Abraham.
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